El amor en los tiempos del WAKO: ¿Quién es el WAKO Pingüino?

El amor en los tiempos del WAKO: ¿Quién es el WAKO Pingüino?

Los WAKOS Martín Humboldt representan el amor.

Se trata de un WAKO-Pingüino de nivel evolutivo tres, hijo de un maridaje extraño que les contaré a continuación.

La historia de cómo nace esta pieza es, por decir lo menos, graciosa. Hace muchos años, una amiga muy enamorada, Vanessa, me pidió una escultura ad hoc. Quería regalarle a su enamorado un WAKO que simbolizara el amor eterno, el amor puro, la entrega absoluta. El afortunado varón se llamaba Martín y, curiosamente, le decían de chapa “pingüino” por una prominente nariz que —no me consta— decoraba su rostro. Todo parecía indicar que el personaje nacía solo.

El pingüino es un animal monógamo —no hay historia más romántica sobre la monogamia que La marcha de los pingüinos—: escoge pareja para toda la vida. Y en nuestras frías aguas del Pacífico abunda esta fiel y romántica ave acuática, en particular la especie de los simpáticos pingüinos de Humboldt, gracias a la corriente del mismo nombre que enfría nuestras costas tropicales.

El nuevo WAKO quedó así bautizado como Martín Humboldt, el WAKO del amor, de la fidelidad, de la entrega. En el Wakoverso, se trata de un animal evolucionado y mestizo, producto de un inusual amor prohibido: un WAKO del cielo, del mundo gaseoso o Hanan, de especie cóndor, se enamoró perdidamente de una criatura reptiliana acuática proveniente del mundo líquido o Uku. Fruto de esa pasión, nació esta evolución.

El amor entre mundos tan opuestos debía ser inquebrantable, creando un híbrido cuyo kámac es capaz de modificar tanto lo gaseoso como lo líquido, mezclando lo artístico y lo místico con lo filosófico y lo existencial.

Vanessa y Martín se quedaron con la primera pieza, que además lleva grabado en la cola el número romano I, indicando que se trata de la escultura originaria de la especie.

De ella emergieron múltiples variantes: distintos tamaños (10 cm, 17 cm, 27 cm, 80 cm), colores y dibujos tatuados, dando lugar incluso a una subespecie de WAKOS narradores o storytellers, de los que hablé en mi newsletter anterior (Porqué necesitamos los mitos). Son piezas con un rico contenido simbólico. 

Pasaron los años desde este proyecto y no supe mucho más de mi amiga. Hasta que un día me la encontré en un café. Luego de una cháchara inicial, no pude aguantar la pregunta obvia:

—¡Hey! —le dije— ¿y cómo está el pingüino? ¿Ya te casaste? ¿Tienen chibolos?

Me miró con una mezcla de vergüenza y picardía.

—Alucina que ya no estoy con él desde hace tiempo.

—… (plop)

—He conocido a otro galán y me voy a casar.

—Pero… ¿y el amor eterno? ¿Y Martín Humboldt?

—Sí pues... el WAKO... se lo quedó él. Traté por todos los medios de llevármelo, pero al final se lo tuve que dejar. Era lo justo —sonrió.

Quizá lo era.

Pero en el amor y en las emociones, justicia no hay.

Y quizá lo cierto es que no bastaban el aire romántico del ave ni el agua filosófica del reptil para que la relación dure en el tiempo.

Quizá faltaba un poco más de sólida tierra felina también.

Un abrazo a todos y que tengan una linda semana.

Rafa.

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